el Lago Puelo y el bosque

No sé por dónde comienza el embrollo mental pero ir al lago fue ir a un punto en mí que tenía sin ver. 
No sé bien qué vi, pero sentí, escuché como las olitas chocaban la playita y no me gustó. Me metí en el bosque de las sombras y me sentí más a gusto, "parece selva" dijo Sasha y me acordé de mí en Brasil. 
Salí del bosque para volver, encontrar otra amiga que no encontré. Caminé por la orilla hasta que me detuve a contemplar, disfrutar de dónde estaba, de a dónde me llevo, me dí valor.
Cuando decido irme del pueblo, todo salía como lo había pensado y estaba llegando a casa a la hora deseada. Subir por la subida del cerro Piltriquitron siempre es una chamba, un trabajo, un algo... en mí caso ese día: desanudar.
El embrollo estaba siendo una formulación de preguntas que iban más o menos en equiparar, entré en cuestiones como si hubiera niveles por los que pasar y la pregunta era: estoy siendo la persona generosa, con tal generosidad como la que me rodea? 
Lo soy... sucede. Esa generosidad que trabajo día a día vuelve en sus múltiples maneras.
El abrazo de las montañas, la caricia del agua, y el amor que sembré, siembro y cosecho día a día.

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